LA NAVIDAD Y EL MUS
Querido hijo:
Te escribo esta carta para desearte que pases unas felices fiestas y para pedirte que no estés solo esos días. Sé que tu trabajo te tiene muy ocupado en estos momentos, pero en Nochebuena y en Nochevieja me gustaría que salieras a divertirte con algún amigo.
No te preocupes por mí, yo pasaré esas dos noches en casa de tu hermana, con toda su familia, y al día siguiente por la tarde bajaré a echar la partida con Anselmo y el resto de amigos.
No te sientas culpable por no venir, estaremos juntos en Semana Santa. Además, nos vemos casi a diario con el ordenador y la cámara web que me regalaste el año pasado.
Desde entonces, jugamos casi todos los días al mus por Internet. Entre una cosa y la otra, siento como si no hubiera ocho mil kilómetros entre nosotros. He descubierto en este último año todo lo que tenemos en común, y hemos creado un vínculo que casi no existía cuando te fuiste. Perdona por no estar a tu lado cada vez que necesitaste hablar con alguien.
Ahora somos compañeros de mus a diario. En el juego que nos ha unido, los envites se resuelven, los órdagos se afrontan, las vacas se ganan o se pierden y las partidas se terminan. Pero cuando el juego se acaba, la amistad persiste y la familia permanece.
A mi hijo y compañero, Feliz Navidad.
