La Coctelera

UN DEPORTE LLAMADO MUS

Forja el carácter, fomenta valores, desarrolla la inteligencia cognitiva, aumenta la concentración, enseña a tomar decisiones,...debería ser asignatura obligatoria en los centros educativos.

5 Julio 2008

LAS SUPERSTICIONES

Una de las razones que pueden llevar a un hombre a jugar es el deseo de demostrar su propia superioridad ante las fuerzas inconmensurables del azar que él juzga injustas normalmente. Es la proyección de su propia realidad corporal ante un universo que, en el fondo, desconoce. Rigurosamente tratado el tema, tal superioridad ante el destino sólo puede conseguirse de tres maneras: por intuición, mediante un sistema científico y ayudándose de las argumentaciones mágicas o sobrenaturales que comúnmente llamamos supersticiones.

Toda superstición nace como un intento de controlar las fuerzas sobrenaturales que, a priori, juzgamos favorables o contrarias a nuestros deseos. La mayor parte de las supersticiones que todavía subsisten aparecieron en épocas de la Humanidad en las que las personas eran más ignorantes que hoy. Así, la sal es uno de los elementos más comunes de superstición cuyo origen se encuentra en la Biblia (Crónicas XIII, 5) significando un pacto, un lazo de unión entre dos seres… Evidentemente, si la sal cae al suelo, trae mala suerte. Algo similar sucede con la costumbre de no abrir un paraguas bajo techo, pues las sombrillas nacieron para no malgastar el poder vivificador del divino sol al que adoraban prácticamente todas las sociedades primitivas.

De igual manera, algunas civilizaciones consideraron las escaleras como una forma de que las almas de los muertos alcanzaran el cielo. De forma que pasar por debajo de una escalera es una clara provocación a un espíritu que no desea ser entorpecido en su ascensión… Así, los espejos no eran otra cosa que verdaderos “almarios” de la persona que se reflejaba en ellos. Romperlos era también romper el alma de cuantos se hubieran mirado en ellos alguna vez. Los poderes positivos o negativos de números como el 3, 7, 13 y 70 vienen derivados de ritos relacionados con la fertilidad y los cambios de estación, fases de la luna y otros tantos fenómenos naturales…

¿Pero cuál es el lazo de unión entre estas y otras supersticiones y las diferentes actitudes del jugador? La respuesta es clara y sencilla: los jugadores suelen encontrarse frecuentemente en manos de la fortuna (a la que mucha gente no puede evitar confundir con determinadas fuerzas sobrenaturales) e inevitablemente no racionalizan algunos de estos ritos, algunos de estos mecanismos de defensa que tienden a un amortiguamiento efectivo de la tensión acumulada durante el juego, o la propia personalidad fatalista del jugador… Sin embargo, lo más curioso de casi todos los comportamientos supersticiosos de los jugadores es que normalmente se tienes sin saber exactamente por qué, ni para qué sirven. De esta manera, es frecuente ver cómo en una partida de cartas de repente alguien se levanta y da la vuelta a su silla. ¿Sabe que está realizando un círculo mágico para dejar fuera a los espíritus malignos? Algo similar sucede cuando el jugador sopla o chas su aliento sobre los dados, sin saber que realmente está intentando introducir un hálito vital en una realidad de marfil que está fallando. Los amuletos o vestidos especiales que algunos jugadores utilizan tienen, igualmente, el mismo significado que los amuletos tenían para los egipcios.

Sin embargo, una extrapolación de las supersticiones generales para encuadrarlas específicamente en el tema juego nos daría un curioso resultado: todos y cada uno de los millones de jugadores que hay en el mundo tienen su propia superstición. Una o varias manías nacidas accidentalmente un buen día cualquiera en el que tuvo buena o mala fortuna. De todas estas supersticiones existe una variada gama de sucesos estrafalarios; pero quizá una de las anécdotas más famosas fue la protagonizada por un tal señor Blanchard que ganó una gran cantidad de dinero en Montecarlo después de que una paloma le ensuciara el sombrero. Tras aquel hecho, el señor Blanchard no volvió a jugar hasta que otra paloma repitió la historia… y la suerte, pues también ganó. Nunca volvió a suceder tal cosa, pero la tradición ha quedado viva en Montecarlo: siempre que una paloma te ensucie el sombrero, marchas rápidamente a la ruleta, pues la suerte te es favorable, aunque evidentemente, esta superstición, como las otras, no pasa de ser simplemente eso y no una fórmula segura para ganar en ningún juego de azar.

EL JUEGO: ENTRE LA HABLILIDAD Y EL AZAR

Enrique López Oneto y Juan Manuel Ortega

Editorial AULA ABIERTA SALVAT (1982)

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ACME

ACME dijo

Muy interesante el tema. Y lo mejor de todo es que aunque parezca mentira o poco serio, resulta que muchas veces las supersticiones funcionan (o parecen funcionar, que viene a ser casi lo mismo). En el caso del mus (y algunos otros similares, supongo), este efecto a veces parece agrandarse puesto que es bien sabido que la psicología es un factor muy decisivo en el mus, y es bastante claro que las actitudes supersticiosas, tanto si se hacen con verdadera fe como si es por costumbre, suelen tener un impacto notable en la percepción psicológica de quien las realiza y de quien las observa o sufre, y por eso muchas veces se consigue desconcentrar al contrario con la vuelta de la silla o sobre todo dejar de darle vueltas a una mala jugada nuestra anterior, y esto hace que aumente nuestra concentración y por ello los resultados a veces acompañan y las malas rachas parecen esfumarse.

9 Julio 2008 | 06:51 PM

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Es una verdad latente, una idea que va creciendo sin haber dado aún su primer llanto de vida. Pero cada vez hay más aficionados al mus que se preguntan ¿Qué razón hay para que no sea considerado un deporte? La única respuesta que se me ocurre es prejuicios. Los jugadores que ven el mus como distracción o forma de relacionarse con otras personas porque efectivamente no lo practican con cierta disciplina ni afán competitivo. Los que no saben de mus porque tienen la impresión de ser un juego de apuestas en el que pierdes dinero. Hay aún prejuicios, pero el tiempo pone a cada uno en su sitio. El día en que al jugador de mus se le considere deportista está más cerca. "Un deporte llamado mus" es mi granito de arena para que esto suceda. contador de visitas
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