"Si admitimos que el juego es consustancial a la naturaleza humana, también nos veremos obligados a aceptar que hacer trampas en el juego es una inclinación innata para una pequeña porción de hombres. Los trucos y los amasamientos han existido siempre y su historia ha tendido hacia la perfección en forma paralela al propio perfeccionamiento de los juegos y a la adopción de medidas y controles de seguridad más exactos y penetrantes.

Ya se ha mencionado el hallazgo de unos dados cargados entre las ruinas de Pompeya, y en la literatura universal sobran las muestras de hazañas picarescas en el juego. Alguien que juega puede hacer Tampa alguna vez con intención más o menos deshonesta o como una simple broma, pero si lo hace habitualmente y confía en obtener con ello unos beneficios económicos se convierte en un verdaderos delincuente y recibe el nombre de fullero o de tahúr.

El oficio de tramposo o tahúr no carece de mérito aunque éste se encuentre situado al otro lado de los valores morales y éticos de la humanidad. Si no es muy difícil engañar a un jugador novato en una partida privada, sí lo es ejercer tales artes en salas públicas donde existen vigilantes profesionales e incluso circuitos internos de televisión para supervisar cada movimiento."

EL JUEGO: ENTRE LA HABLILIDAD Y EL AZAR

Enrique López Oneto y Juan Manuel Ortega

Editorial AULA ABIERTA SALVAT (1982)