LA IDEA DE JUEGO LIMPIO
El Juego Limpio está identificado con el competidor. Es necesario que éste demuestre para ello la observancia al menos de un estricto e infalible respeto de la regla escrita. Lo cierto es que se podría decir que ésta es la parte más fácil si el deportista valora el propósito de los reglamentos y si reconoce a la vez que más allá de esa regla escrita hay un espíritu de compromiso y corrección, con el cual debe comprometerse en el deporte.
Juego Limpio se puede ejemplificar por:
· Aceptar sin discusión la decisión del juez.
· Jugar para ganar como premisa de base, pero rechazar "la victoria a ultranza".
· Es una manera de comportarse, la cual se fundamenta primero, en el respeto a sí mismo.
· Corrección, honestidad y la convicción firme para cuando otros no juegan limpio.
· Respetar a los compañeros de equipo.
· Respetar también al adversario, en la victoria o la derrota. Aún este siendo un oponente, sigue siendo un compañero necesario en el deporte, para facilitar el desarrollo del mismo.
El respeto a los jueces, se demuestra por medio de un deseo por colaborar con ellos en el transcurso de la contienda y fuera de ella.
La modestia en la victoria y la gentileza en la derrota, forman parte del juego limpio, generando con ello mejores y perdurables relaciones humanas.
Para ser justos en la globalidad que debe encerrar el juego limpio, no debemos decir que este es sólo prerrogativa del competidor; hay que incluir e involucrar plenamente tanto a dirigentes, entrenadores, árbitros, como a los mismos espectadores. Las decisiones y manifestaciones de éstos causan una influencia que puede llegar a ser determinante en el entorno, el cual se puede tornar positivo o poco adecuado para la práctica amistosa del deporte. Juego limpio es el principio de la fraternalización de los seres humanos, que utilizan el deporte como instrumento para propiciar el desarrollo integral de quienes lo practican y lo comparten.
Como corolario debemos decir: "El Juego Limpio es y debe ser una premisa del juego de la vida".
Autor: Jorge Antonio Muñoz Guillén
